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¿Aún vivirán los dinosaurios aquí?

Hay un montaña mágica en el sur de venezuela, el Tepuy Roraima de 2600 mts de altura en forma de meseta donde conviven plantas carnivoras, orquideas y ranas con características totalmente distintas a cualquiera de las presentes en la montañas a su alrededor. Una caminata de tres días me permitió llegar al tope de ella y darme cuenta porque ha sido la inspiración de Sir Arthur Conan Doyle creador de Sherlock Holmes y El mundo Perdido basada en una expedición a la cima del Roraima en busca de dinosaurios.


Mi viaje inicia en Ciudad Bolívar con un viaje por carretera durante 10 horas para acampar en San Francisco de Yuruani y desde ahí hasta Paraitepuy para empezar la caminata hasta la cima del tepuy. Me había preparado para la exigencia física del viaje pero mi mente no estaba lista para lo que vendría, desconocía la existencia de plantas carnívoras, la presencia de especies endémicas de animales, la lluvia que se desata después de los gritos, la completa oscuridad de la noche imposible de apreciar en mi ciudad. 


Después de lograr llegar a la cima de la meseta el cuerpo pide aclimatarse mientras la sorpresa se apodera de mi mente por las piedras que han sido moldeadas por el viento hasta tomar las formas más insólitas como, El Maverick una mole de piedra que me recuerda aquel clásico auto americano y que marca el punto más alto en la cima del tepuy y desde donde mi vista se perdía entre la inmensidad de la sabana sin un solo rastro de la influencia del hombre.


Luego de 2 días en la cima llegó el momento de descender y despedirme de la montaña sagrada de los Pemón, etnia originaria de esta tierra que considera al Roraima el árbol de la vida y madre de las agua. Para poder disfrutar la experiencia de conocer el Roraima necesitas contar con el permiso y la guía de un Pemón que con su sabiduría milenaria te dira en que momento es mejor cruzar los ríos, como ubicarte en la cima donde todo es igual y distinto a la vez mientras hacen las noches más amenas con sus historias ancestrales sobre el origen de su maravilloso tierra.


Al final del ultimo dia de caminata vuelvo a Paraitepuy con dos cosas claras en mi mente, el Roraima esperara mi vuelta por ser un hijo de esta tierra, ser también su hijo, permanecerá imponente, sólido, aislado, único y mágico y en segundo lugar mi mente no podrá borrar los recuerdos que me hacen sentir pequeño en el mundo pero único al poder conectarme con las tierras más viejas del planeta y saber que esta experiencia no podrá ser replicada en ninguna otra parte, que la ciudad con sus maravillas modernas me espera para adentrarme en su actividad caótica y ruidosa mientras mi mente seguirá pensando en el silencio de las noches y el brillo de las estrellas en el Roraima.


Álvaro Salazar

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