Colombia: experiencias de turismo, educación y biodiversidad en el Quindío y Valle del Cauca
- Miguel Ledhesma
- hace 1 hora
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Hay viajes que no se recuerdan por lo que se ve, sino por lo que se comprende en silencio. Este recorrido por el Quindío y el Valle del Cauca no solo amplió la mirada sobre el turismo, sino que se dio en el marco del 17° Congreso Internacional de Periodistas y Profesionales del Turismo, organizado por la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT), cuyo propósito fue vivir una experiencia de inmersión territorial que conectara la comunicación turística con la sostenibilidad, la educación y la biodiversidad en acción. En ese contexto, la agenda incluyó la visita a diversos espacios naturales, educativos y culturales como parte de un ejercicio de aprendizaje directo desde el territorio. Más allá de la teoría, este viaje reveló algo más profundo: los territorios no son escenarios, son organismos vivos que enseñan.
Cada espacio visitado durante esta experiencia funcionó como una lectura distinta del mismo mensaje: la vida se sostiene en el equilibrio entre naturaleza, cultura y conocimiento. Y en Colombia, ese equilibrio se siente especialmente en los detalles.
Parque Nacional Las Heliconias: la naturaleza como sistema vivo
El Parque Nacional Las Heliconias fue uno de los primeros espacios donde esa comprensión se volvió evidente. No se trata únicamente de un lugar de belleza natural, sino de un ecosistema donde cada forma de vida cumple un papel específico en la continuidad del entorno.
Las heliconias, con sus estructuras intensas y casi escultóricas, no están allí como ornamento, sino como parte de una red biológica que sostiene polinizadores, aves y microhábitats.
Caminar por este espacio implica entrar en un lenguaje natural donde todo está conectado. El silencio del recorrido no es vacío, es información. El sonido del agua, el movimiento de las hojas y la presencia constante de aves convierten la experiencia en una especie de lectura sensorial del paisaje.
El Laberinto “Los Mil Caminos”: perderse como forma de entender
El Laberinto Los Mil Caminos propone una experiencia distinta: aquí el sentido no está en llegar rápido, sino en aceptar la incertidumbre del recorrido.
Perderse dentro de sus senderos no genera frustración, sino conciencia. Cada decisión obliga a detenerse, observar y elegir. En ese proceso, el visitante deja de ser espectador para convertirse en parte activa del espacio.
Este tipo de experiencias tienen un valor profundo en el turismo contemporáneo: transforman el desplazamiento físico en reflexión. No es solo un juego espacial, es una metáfora del aprendizaje y de la toma de decisiones en la vida misma.
Salento y su entorno: donde el paisaje también respira
El entorno de Salento y el área natural del Eco Hotel Santa Bárbara ofrecen una de las experiencias más completas de conexión con el paisaje cafetero.
Allí, la naturaleza no se observa desde la distancia, se habita. Los cafetales rodean el espacio de hospedaje y el sonido constante de aves reemplaza cualquier ruido urbano. El paisaje no se contempla únicamente con la vista, sino con todos los sentidos.
Este tipo de inmersión permite entender que la hospitalidad sostenible no se trata solo de infraestructura ecológica, sino de una forma de relación con el entorno basada en el respeto. Salento, con su identidad cultural vibrante y su cercanía al Valle de Cocora, completa este ecosistema simbólico donde naturaleza y cultura no están separadas, sino entrelazadas.
Hotel La Aldea y RECuca: la cultura cafetera como experiencia viva
El Hotel La Aldea representa una forma de hospitalidad donde el territorio no es decorado, sino contenido. Allí, la vida rural se presenta sin artificios, permitiendo al visitante comprender la cotidianidad de quienes habitan el paisaje cafetero.
En la RECuca (Recorrido de la Cultura Cafetera), la experiencia se vuelve pedagógica sin perder su carácter vivencial. El café deja de ser un producto para convertirse en una historia colectiva que involucra trabajo, memoria y tradición.
Lo más valioso de este espacio es su capacidad de transformar la información en experiencia. No se aprende desde la teoría, sino desde la interacción directa con los procesos y las personas que los hacen posibles.
Biodiversidad y aves: una presencia constante en el viaje
A lo largo de todo el recorrido, la biodiversidad no aparece como un tema aislado, sino como un hilo constante que atraviesa cada experiencia.
Las aves, en particular, funcionan como un lenguaje silencioso del territorio. Su presencia en los diferentes ecosistemas visitados no es casual: es indicador de equilibrio, salud ambiental y continuidad ecológica.
El aviturismo, más allá de la observación, se convierte aquí en una práctica de respeto. Aprender a mirar sin invadir, a escuchar sin alterar y a registrar sin interferir es parte fundamental de esta experiencia.
En este sentido, el turismo se transforma en una forma de educación ambiental en movimiento.
Uceva: el poder de contar para comprender
La visita a la Unidad Central del Valle del Cauca (UCEVA) abrió un espacio distinto dentro del viaje: el de la palabra como herramienta de construcción de sentido.
El foro de storytelling, guiado por Miguel Ledhesma, fundador de la OMPT, permitió reflexionar sobre cómo las historias construyen la manera en que entendemos los destinos. El storytelling aquí no se presenta como técnica publicitaria, sino como un puente entre la experiencia y la memoria. Contar un territorio es también interpretarlo, darle forma y significado.
El diálogo con estudiantes y docentes evidenció cómo la educación superior puede convertirse en un espacio donde el turismo se piensa críticamente, más allá de su dimensión económica.
Institución Técnica La Marina: educación conectada al territorio.
En la Institución Técnica La Marina, en Tuluá, el aprendizaje adquiere una dimensión práctica profundamente vinculada al entorno.
La formación técnica no se limita al aula, sino que se extiende al territorio, entendiendo que el conocimiento tiene sentido cuando se conecta con la realidad local.
En este contexto, el turismo aparece como una oportunidad de desarrollo, pero también como una herramienta para fortalecer identidad, arraigo y sentido de pertenencia en las nuevas generaciones.
La relación entre educación y territorio se vuelve aquí especialmente clara: aprender es también comprender el lugar que se habita.
El territorio como experiencia integradora
Si algo une todos estos espacios es la idea de integración. No existen como puntos aislados en un itinerario, sino como partes de un mismo sistema donde naturaleza, cultura y educación dialogan constantemente.
Las Heliconias, el laberinto, Salento, el Eco Hotel Santa Bárbara, La Aldea, la RECuca, la UCEVA y La Marina no son solo destinos: son experiencias que enseñan distintas formas de relación con el mundo.
Cada uno, desde su particularidad, aporta una visión distinta del turismo contemporáneo, uno que ya no se limita a mostrar, sino que busca transformar.
Una lectura final del viaje
Este recorrido complementario deja una certeza clara: el turismo más valioso no es el que acumula lugares, sino el que permite comprenderlos.
La biodiversidad del Quindío y del Valle del Cauca no es solo un patrimonio natural, es también un lenguaje. Un lenguaje que se expresa en aves, en paisajes, en comunidades y en procesos educativos.
Viajar, en este contexto, se convierte en una forma de aprendizaje continuo donde el territorio no es fondo, sino protagonista.
Por Jacqueline Granda






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