El cementerio de negros que está, pero “no existe” en Portobelo
- Foro Periodismo Turístico
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En la costa atlántica de Panamá, donde las olas acarician la historia de un antiguo puerto colonial, se encuentra Portobelo, un pueblo que fue epicentro del comercio transatlántico y escenario de encuentros, resistencias y sincretismos culturales únicos. Entre sus callecitas y vestigios de fortificaciones, muchos visitantes tropiezan con un lugar poco conocido, casi invisible entre la maleza: el cementerio de negros de Portobelo. Aunque hoy sus lápidas y rutas están cubiertas por pastos y arbustos, este espacio constituye un silencioso testigo de una historia que merece brillar.
Portobelo fue una de las plazas más importantes del comercio colonial español, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980 gracias a sus fortificaciones y arquitectura militar del siglo XVII y XVIII. En este contexto, miles de personas afrodescendientes fueron traídas forzosamente desde África para trabajar en condiciones duras, formando una comunidad que resistió, sobrevivió y dio origen a expresiones culturales como la tradición Congo, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El cementerio en cuestión, conocido en la memoria local como el “cementerio de negros”, aún guarda los vestigios de estas generaciones que habitaron Portobelo desde la época colonial. Aunque no es un museo formal, ni una atracción señalizada, sus tumbas representan la presencia real de hombres y mujeres que contribuyeron a forjar la identidad afropanameña. Ahora mismo, muchos de esos sepulcros están cubiertos de hierbas y malezas, haciendo difícil reconocer los nombres, fechas y símbolos tallados en la piedra, y con ello, la historia de vidas y familias completas que merecerían ser honradas y narradas con dignidad.
A pocos pasos de allí, en el edificio restaurado de la antigua Real Aduana de Portobelo, se encuentra el Museo de la Memoria Afropanameña, inaugurado en 2023 como un compromiso por salvaguardar el legado histórico de la comunidad afrodescendiente. En este museo, la historia no se presenta en vitrinas polvorientas, sino en narrativas interactivas que invitan al visitante a comprender el viaje, la resistencia y las contribuciones de los africanos y sus descendientes. La exposición está dividida en tres grandes áreas: una que abarca la llegada y el papel de los esclavizados en la sociedad colonial, otra que celebra las expresiones culturales como los rituales Congo, la gastronomía y los ritos populares, y una última sección exterior que contextualiza la función histórica de la Aduana y las ferias comerciales que dieron relevancia mundial a Portobelo.
Imaginemos por un momento el cementerio de negros despejado de zarzas, con senderos limpios, placas explicativas y miradores que permitan ver las tumbas con reverencia y respeto. Allí, cerca de una ruta que podría conectarse con la plaza principal y el museo, los visitantes podrían aprender sobre quiénes fueron esas personas, cómo sobrevivieron a la brutalidad de la esclavitud y de qué maneras sus descendientes continúan honrando sus raíces a través de la música, la danza y la fe.
Ese cementerio podría convertirse en un lugar de memoria viva, no de tristeza, sino de reconocimiento. Un espacio donde las generaciones jóvenes, los investigadores y los viajeros puedan detenerse, leer inscripciones, escuchar historias orales y comprender la profundidad del aporte afrodescendiente a la historia panameña. Podría acompañarse de intervenciones artísticas, murales o instalaciones que hablen de resistencia, dignidad y esperanza, integrándolo con el Museo de la Memoria Afropanameña y otros patrimonios locales como la Iglesia del Cristo Negro, cuyo culto y festividad atraen peregrinos de todo el país cada año.
Convertir el cementerio hoy olvidado en un atractivo único en el mundo no solo realzaría el turismo cultural de Portobelo, sino que sería un acto profundo de justicia histórica. No se trataría de exotizar el dolor, sino de reconocer con respeto las vidas de quienes estuvieron en los orígenes de esta comunidad, y de permitir que su memoria viva en los relatos, las celebraciones y los pasos de quienes hoy transitan por ese rincón del Caribe panameño.
Portobelo tiene todos los elementos para ser un referente global de memoria histórica afrodescendiente: fortificaciones coloniales, ritos culturales como los Congos, museos narrativos y, con un poco de voluntad colectiva, un cementerio que deje de ser un espacio que está, pero no se ve, para convertirse en un lugar que todos puedan visitar, recordar y entender.


