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El turismo no reduce la pobreza

Cuando el turismo empieza a darse en algún sitio, por lo general estamos hablando de lugares ya habitados. Entonces, la población local de pronto debe empezar a compartir su recursos (suelo, agua, energía) con desconocidos que llegan desde otras latitudes para practicar turismo. Esto no solo genera crisis sino que además limita a los habitantes de un destino en cuanto al uso de los recursos.


El segundo fenómeno que suele darse es el del proceso especulativo de la tierra. El turismo suele incrementar el valor del suelo y esto perjudica a la población local que luego debe comprar o rentar una casa a precio más elevado.


Y los principales ingresos económicos que recibe el destino quedan en manos de unos pocos o en manos de empresas extranjeras que quizás además cuentan con beneficios impositivos. Esta distribución inequitativa de las riquezas llena los bolsillos de quienes más tienen y aumenta la pobreza en los que menos tienen. El turismo no reduce la pobreza, pero sí aumenta las riquezas (de algunos).


Otro factor que aumenta la desigualdad es que aún no está garantizado para todos el derecho a viajar. Se trata de una actividad elitista, en la que es frecuente ver a “anfitriones laboriosos que hospedan a huéspedes ociosos que se lo pueden permitir porque pertenecen a los “Nortes globales” donde se acumula el máximo beneficio del negocio” (Buades, 2012:94).


No se puede vivir solo del turismo


Si nos enfocamos en el componente económico del turismo, diremos que no se puede vivir solo del turismo, porque tampoco se puede vivir solo del campo o de las industrias. Si se pretende ser un destino independiente, no subordinado a las decisiones que toman las naciones más aventajadas, se debe diversificar en cuanto a las actividades económicas, ya que apostar todo a una sola carta puede hacernos correr el riesgo de que la mayoría de las divisas se las lleven los de afuera y que los recursos se agoten o pierdan valor.


Meter todos los huevos en la misma canasta nos puede volver menos adaptables a los vaivenes de la economía mundial y también hacernos caer en una monotonía laboral de la que luego pueda ser difícil salir. Venezuela no puede vivir solo del petróleo, Bolivia no puede vivir solo del gas, Argentina no puede vivir solo del campo y República Dominicana no puede vivir solo del turismo, ya que esto además genera procesos de desigualdad, exclusión y marginalidad entre quienes forman parte del monopolio y entre quienes no.


El turismo no genera oportunidades para todos


Este es un gran mito sobredimensionado por los políticos de turno. Y no solo porque vivimos en un sistema que se alimenta justamente de lo contrario (mucho para pocos y poco para muchos) sino porque ya vimos que el turismo es competencia, es conflicto, es elitismo. Además, en muchas ciudades suelen darse procesos que bastante se alejan de la igualdad de oportunidades: “crecimiento urbano explosivo, la inmigración masiva, la depredación de los ecosistemas, la segregación espacial y social, así como la producción de contrastes entre zonas turísticas de la opulencia y barrios pobres o marginales, sin servicios básicos y donde impera la pobreza” (López Santillán, 2010:14), todo ello aunado a la trivialización de la cultura.


Y también suele darse por parte del Estado que se llevan a cabo políticas públicas que buscan reforzar la competitividad del destino en el ámbito internacional, relegando muchas veces las problemáticas sociales, económicas y ambientales de la población local.


Miguel Ledhesma

www.miguelledhesma.org

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