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Ilse Martínez, la mirada crítica del turismo desde Barranquilla hacia el mundo

Desde Barranquilla, en la costa norte de Colombia, la periodista turística Ilse Martínez construye una forma de narrar los destinos que combina observación crítica, sensibilidad cultural y compromiso social. Su trabajo, hoy reconocido con su designación como embajadora de la Organización Mundial de Periodismo Turístico, refleja una convicción clara: el turismo no debe contarse como espectáculo, sino como realidad compleja, viva y en transformación.


Su vínculo con el turismo comenzó desde la formación académica, pero el periodismo turístico llegó después, como una inquietud intelectual. En 2018, mientras buscaba nuevas perspectivas profesionales, encontró las capacitaciones de la organización internacional y decidió formarse en ese espacio. Aquella experiencia, explica, no solo amplió sus conocimientos sino que modificó su mirada sobre el turismo como fenómeno social.


Lecturas críticas y reflexivas, junto con contenidos formativos y el pensamiento del especialista Miguel Ledhesma, la llevaron a cuestionar narrativas tradicionales y a comprender que el turismo necesita ser contado con mayor profundidad, desmontando mitos y simplificaciones.


Antes de dedicarse plenamente al periodismo, su aproximación al turismo fue práctica y directa. Durante su formación profesional trabajó en hoteles, agencias de viajes y entidades territoriales, lo que le permitió observar desde dentro el funcionamiento del sector y sus tensiones reales. Allí comprendió que el turismo no es solo desplazamiento o recreación, sino también economía, identidad, territorio y relaciones humanas.


Un momento clave en su trayectoria ocurrió durante un viaje profesional a San Luis Potosí. Más que un destino, describe esa experiencia como un punto de inflexión. Fue la primera vez que participó en una actividad internacional junto a colegas de distintos países, compartiendo miradas, estilos narrativos y formas de entender el mundo. Allí descubrió el valor de la comunidad profesional y el sentido colectivo del periodismo turístico.


Para Martínez, el periodismo turístico actual debe ser serio, investigativo y analítico. Su filosofía de trabajo se apoya en principios de ética, veracidad e imparcialidad. Considera que mostrar un destino implica también hablar de sus contradicciones, tensiones y desafíos, sin idealizar ni ocultar problemáticas. Informar no es promocionar, insiste, sino ofrecer elementos que permitan al viajero comprender el lugar que visita.


Esa mirada la lleva a abordar temas sensibles como sostenibilidad, impacto social o sobrecarga de destinos desde una lógica de mediación cultural. Dar voz a las comunidades locales, visibilizar iniciativas de turismo comunitario y promover formas responsables de viajar forman parte de su enfoque narrativo.


Uno de los espacios donde percibe haber generado mayor impacto es el ámbito educativo. Como docente, impulsó a sus estudiantes a narrar sus propios territorios mediante relatos, videos y podcasts. Más que enseñar turismo, explica, buscó formar observadores críticos y defensores del patrimonio. La experiencia confirmó su convicción de que contar un lugar implica reconocer su memoria y su identidad.


Ser nombrada embajadora de la organización internacional representa para ella una responsabilidad antes que un reconocimiento. Entiende el rol como una forma de servicio, orientada a escuchar a los territorios, comprender sus procesos y respetar sus culturas. Entre sus intereses principales se encuentran la difusión del patrimonio cultural, las tradiciones vivas y los paisajes que conservan memoria histórica.


En su trayectoria personal, algunos viajes han tenido un impacto transformador profundo. La visita a Toscana, en Italia, marcó uno de esos momentos. La experiencia estética, histórica y cultural del territorio le permitió comprender el viaje como proceso de introspección, una forma de relación emocional con el espacio y la memoria.


Su visión del futuro del turismo en Colombia se articula con el crecimiento del interés internacional por el país. Considera necesario ampliar la mirada más allá de los destinos tradicionales y descubrir territorios con riqueza cultural y natural aún poco visibilizados. En ese proceso, el periodismo turístico puede actuar como puente entre comunidades y viajeros, generando relatos sensibles, contextualizados y responsables.


Frente a un ecosistema mediático dominado por el consumo rápido de información, Martínez identifica un desafío central para los comunicadores turísticos: mantener la profundidad del relato sin perder capacidad de adaptación a nuevos formatos. Investigar, cuestionar y narrar con responsabilidad social son, en su opinión, tareas indispensables.


Su motivación para seguir viajando y contando historias nace de la curiosidad y del deseo de comprender otras realidades. Viajar, afirma, es una forma de encuentro y aprendizaje mutuo, siempre que se base en respeto, empatía y reconocimiento del otro.


A las nuevas generaciones de periodistas turísticos les deja un mensaje claro: formarse de manera permanente, cuestionar las narrativas dominantes y construir contenidos honestos, críticos y socialmente responsables. Porque, en última instancia, el turismo no se limita a mostrar lugares, sino que implica comprenderlos y transmitir su sentido profundo.



 
 
 

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