google-site-verification: google4de8d2c53f298c40.html
top of page

¿Talampaya visto por una inteligencia artificial?

hace 8 minutos
5 min de lectura

¿Qué ocurre cuando un destino turístico deja de ser conocido primero por quienes lo visitan y empieza a ser conocido por aquello que internet cuenta sobre él? Un experimento con inteligencia artificial abre una pregunta incómoda: ¿Cuánto de Talampaya conocemos realmente y cuánto de ese conocimiento fue construido antes de llegar?


Escribimos “Talampaya” en un chat de inteligencia artificial y la respuesta aparece en segundos. Parque Nacional. La Rioja. Cañones rojizos. Millones de años. Fósiles. Formaciones geológicas. Patrimonio Mundial. Paisajes imponentes. Naturaleza. Aventura. La respuesta parece correcta. Y, precisamente por eso, resulta interesante.


Porque el problema no está necesariamente en lo que la inteligencia artificial dice sobre Talampaya, sino en todo aquello que queda fuera de su respuesta.


El experimento


La propuesta es sencilla: preguntar a diferentes sistemas de inteligencia artificial qué saben sobre el Parque Nacional Talampaya y registrar las coincidencias.


El resultado esperable es una especie de retrato colectivo. Los sistemas probablemente coincidirán en buena parte de los datos más visibles del destino: su ubicación en La Rioja, su relación con el período Triásico, sus formaciones geológicas, sus fósiles, sus cañones, su reconocimiento internacional y sus posibilidades turísticas. No es casualidad.


La inteligencia artificial no conoce los destinos como los conoce una persona que los recorre. Construye respuestas a partir de la información disponible y de los patrones que encuentra en enormes cantidades de contenidos. Y allí aparece la primera pista de esta investigación.


La inteligencia artificial no solamente responde sobre los destinos: también revela qué información de esos destinos consiguió volverse visible en internet.


Talampaya forma parte, junto con el Parque Provincial Ischigualasto, del sitio reconocido por la Unesco como Patrimonio Mundial por el contundente registro fósil continental del Triásico. La Unesco destaca precisamente el valor científico de estas áreas para comprender la evolución de los vertebrados y los ambientes de aquel período.


Pero cuando se busca Talampaya desde la lógica turística, la conversación cambia. Aparecen los cañones, las excursiones, los vehículos 4x4, las caminatas, las fotografías, los miradores y las formaciones rocosas. La propia promoción turística de La Rioja presenta una oferta que incluye el Cañón de Talampaya, Arco Iris, Ciudad Perdida, Quebrada de Don Eduardo, Los Balcones y experiencias nocturnas, entre otras propuestas.


Entonces surge una segunda pregunta:

¿Estamos viendo Talampaya o estamos viendo la versión de Talampaya que internet decidió hacer visible?


El Talampaya que se repite


Si varias inteligencias artificiales reciben la misma pregunta, es probable que muchas respuestas se parezcan. Eso puede parecer una virtud. Hay coherencia. Hay datos compartidos. Hay una narrativa reconocible. Pero también hay un riesgo.


Cuando todos los sistemas repiten las mismas características, el destino puede terminar reducido a unas pocas palabras: Rojo. Cañón. Triasico. Fósiles. Patrimonio. Aventura. Paisaje.


Una sucesión de conceptos correctos puede construir, paradójicamente, una representación incompleta. Talampaya empieza a parecerse a una ficha técnica. Y ningún algoritmo puede experimentar el silencio de un lugar simplemente porque sabe que ese lugar existe.


Lo que no aparece en la respuesta


Hay una prueba todavía más interesante. Después de preguntar qué sabe un chat de inteligencia artificial sobre Talampaya, habría que preguntarle: “¿Qué no sabe sobre Talampaya?” La pregunta cambia todo. Porque obliga al sistema a reconocer los límites de aquello que puede construir a partir de información disponible.


Una inteligencia artificial puede describir una pared de roca. Puede explicar su origen geológico. Puede indicar su altura. Puede contar cuándo el lugar fue declarado Patrimonio Mundial. Pero otra cosa es saber qué sintió una persona cuando estuvo frente a ella.


Puede hablar de un recorrido. No necesariamente puede saber qué conversación mantuvieron dos visitantes durante ese recorrido. Puede enumerar atractivos. No necesariamente puede distinguir cuál de ellos quedó realmente en la memoria de quienes estuvieron allí. Puede explicar el paisaje. No necesariamente puede saber qué parte del paisaje no fue fotografiada porque, simplemente, nadie consideró necesario sacar el teléfono. Y esa diferencia es fundamental.


El periodista frente al algoritmo


Aquí aparece una frontera que la inteligencia artificial todavía no puede resolver por sí sola. El periodista puede ir. Puede mirar aquello que nadie había mencionado. Puede preguntar. Puede descubrir una contradicción entre la promoción de un lugar y la experiencia de quienes viven o trabajan allí.


Puede encontrar una historia que todavía no fue publicada. Puede detectar un detalle que no aparece en ninguna base de datos. Y puede regresar con una información que antes no estaba disponible para el algoritmo. Ese es, quizás, uno de los sentidos más interesantes del periodismo turístico en la época de la inteligencia artificial: No repetir lo que internet ya sabe. Ir a buscar lo que internet todavía no sabe.


¿Qué se está construyendo en internet sobre el Parque?


La pregunta deja de ser entonces cuánto sabe ChatGPT, Gemini, Claude u otro sistema sobre Talampaya. La pregunta verdaderamente periodística es otra: ¿Qué Talampaya estamos construyendo entre todos en internet? Cada fotografía publicada. Cada noticia. Cada reseña.

Cada video. Cada publicación en Instagram. Cada página institucional. Cada comentario de un visitante. Cada texto generado con inteligencia artificial. Todo eso va construyendo una representación digital del destino. Y esa representación no es inocente.


Lo que aparece miles de veces adquiere visibilidad. Lo que casi nadie publica puede desaparecer de la conversación. Así, un lugar puede tener cientos de características reales y, sin embargo, terminar siendo conocido digitalmente solamente por cinco o seis.


La inteligencia artificial recibe ese material, encuentra patrones y devuelve una síntesis. Por eso, cuando una IA describe Talampaya, quizás no solamente estamos escuchando a una máquina.


Estamos escuchando, comprimido en unos pocos párrafos, el Talampaya que internet consiguió contarle a la máquina.


El Talampaya que nunca visitamos


Existe entonces una posibilidad inquietante. Que millones de personas puedan llegar a conocer un Talampaya que nunca existió exactamente así. No porque la inteligencia artificial invente necesariamente los datos. Sino porque puede combinar datos verdaderos y producir una imagen que ningún visitante individual experimentó de esa manera.


Un Talampaya hecho de fotografías. De titulares. De descripciones institucionales. De reseñas. De videos. De rankings. De palabras que se repiten. De imágenes que se vuelven representativas. Un Talampaya digital.


Antes de viajar, muchas personas ya llegan con una idea del lugar. Y esa idea no nació frente al cañón. Nació en una pantalla.


La pregunta que queda abierta


Quizás el verdadero experimento no consistaen descubrir si una inteligencia artificial sabe mucho o poco sobre Talampaya. Consiste en utilizarla como espejo. Preguntarle qué sabe. Observar qué repite. Registrar qué omite. Y después caminar por el territorio para buscar precisamente aquello que no apareció. Porque si la inteligencia artificial puede decirnos qué información se volvió visible, el periodista puede hacer el movimiento contrario: buscar lo invisible.


Talampaya tiene millones de años de historia geológica. Internet tiene apenas unas décadas. Y, sin embargo, en ese brevísimo período hemos comenzado a construir una segunda versión del parque: una versión hecha de palabras, imágenes y datos.


La primera está formada por roca. La segunda, por información. La primera puede observarse recorriendo el territorio. La segunda puede observarse preguntándole a un chat de inteligencia artificial. Y quizás el verdadero desafío del periodismo turístico de esta época sea descubrir qué ocurre cuando ambas versiones ya no coinciden. Porque Talampaya seguirá estando allí.


La pregunta es otra: ¿Seguiremos siendo capaces de verlo cuando internet ya nos haya explicado cómo debemos mirarlo?


Miguel Ledhesma



 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación

©2019 by Foro de Periodismo Turístico. 

bottom of page