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Tucumán: el azúcar y su memoria

hace 4 horas
3 min de lectura

En el Parque 9 de Julio, el Museo de la Industria Azucarera invita a conocer una actividad que transformó a Tucumán. La casa del obispo Colombres, las antiguas máquinas y las historias de los trabajadores acercan al visitante a un patrimonio atravesado por el esfuerzo, los conflictos y las creencias populares.


En Tucumán, el azúcar tiene una historia que merece conocerse más allá de su presencia cotidiana en nuestra mesa. Está ligada al trabajo en los surcos, a los ingenios y a generaciones de familias cuyo sustento dependió de cada zafra. Acercarse a esa historia permite comprender cuánto de la identidad provincial se construyó alrededor de la caña.


Durante nuestro recorrido por San Miguel de Tucumán visitamos el Museo de la Industria Azucarera – Casa del Obispo Colombres, ubicado dentro del Parque 9 de Julio. La visita formó parte del FamPress internacional de periodistas turísticos de la Organización Mundial de Periodismo Turístico.


La casona conserva el vínculo con José Eusebio Colombres, quien hacia 1821 retomó el cultivo y la elaboración de azúcar en su quinta de El Bajo. Allí instaló trapiches de madera movidos por bueyes para moler la caña. Su iniciativa impulsó una actividad que tenía antecedentes en la provincia y que, con el tiempo, adquiriría una dimensión decisiva para su economía. La propiedad fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941.


Las galerías y los arcos de la casa permiten apreciar también su valor arquitectónico. En el museo se exhiben pertenencias de Colombres y maquinaria vinculada con la producción azucarera; entre las piezas se destaca el trapiche de madera. Es una oportunidad para entender cómo se procesaba la caña y observar las herramientas de un trabajo que fue cambiando con la incorporación de nuevas tecnologías.


Frente a esas máquinas, vale detenerse a pensar en quienes las hicieron funcionar. Cada avance productivo tuvo detrás manos, jornadas de esfuerzo y conocimientos transmitidos entre trabajadores. Esa dimensión humana vuelve especialmente valioso el recorrido.


LOS TRABAJADORES Y LAS HERIDAS DE LA HISTORIA


La historia azucarera también estuvo atravesada por luchas laborales y decisiones que afectaron a comunidades enteras. Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, iniciada en 1966, el cierre de ingenios provocó una profunda crisis social: familias perdieron su fuente de ingresos y muchas debieron emigrar. Las protestas y la organización obrera expresaron la defensa del trabajo y de la vida de los pueblos vinculados con esas fábricas.


En los años setenta, la represión alcanzó a trabajadores y dirigentes azucareros. La investigación Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad documenta secuestros y desapariciones en ingenios tucumanos, entre ellos Concepción y La Fronterita.


Recordar ese pasado permite reconocer a quienes sostuvieron la actividad y sufrieron la violencia del terrorismo de Estado.


EL FAMILIAR: UNA LEYENDA ENTRE LOS INGENIOS


Junto con la historia documentada aparece El Familiar, uno de los relatos más inquietantes del folclore del noroeste argentino.


Según distintas versiones de la leyenda, los dueños de los ingenios obtenían prosperidad mediante un pacto con el diablo. A cambio, debían entregar un trabajador a una criatura que podía adoptar la forma de un gran perro negro o de una serpiente. Ese ser habitaba espacios oscuros de la fábrica y alimentaba el temor de quienes trabajaban allí.


El relato pertenece al terreno de las creencias populares. Su interés también está en lo que permite interpretar sobre la vida en los ingenios: el miedo, las desigualdades y las relaciones de poder. Investigaciones sobre el mito han estudiado cómo esas experiencias quedaron expresadas en la memoria oral de los trabajadores.


Escuchar estas historias amplía la mirada sobre Tucumán. Su patrimonio incluye edificios y objetos, pero también las voces que explican cómo se vivía, qué se temía y qué se transmitía de una generación a otra.


UNA VISITA PARA COMPRENDER TUCUMÁN


El museo tiene entrada gratuita y puede integrarse a un paseo por el Parque 9 de Julio. El Ente de Turismo estima aproximadamente una hora para recorrerlo: un tiempo que conviene dedicar a observar las piezas y conocer el contexto de lo que se exhibe.


Desde Infoturismoargentina, esta visita nos invita a valorar una parte esencial de la cultura tucumana. Conocer la historia del azúcar es acercarse al esfuerzo de su gente, a las decisiones que marcaron su destino y a las memorias que la provincia conserva para compartir con quienes llegan.


Débora Ruiz



 
 
 

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