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Vuelta a los Valles Calchaquíes: costumbres ancestrales, quebradas y cielo límpido




Saliendo desde la ciudad de Salta, hacia el sur de la provincia, a la altura de la localidad de El Carril, tomando la ruta provincial 33, se abre el camino que recorre la Vuelta a los Valles Calchaquíes, pasando por pueblitos que conservan costumbres prehispánicas y cultura andina.

Es necesario tomarse al menos dos días.

De forma inesperada, atravesamos selva subtropical. Después de unos kilómetros de andar los tonos van cambiando. Todo se vuelve más árido. El Parque Nacional Los Cardones es cortado por la recta de Tin Tin, construída por los pueblos originarios que habitaban la zona.

El desierto de cactus es de una inmensidad tal que pareciera no tener fin. La vista se pierde en un abismo.


Payogasta

O Pueblo Blanco nació por el año 1450 a orillas del Río Calchaquí, formando parte del Camino del Inca. Seguimos. Subiendo, bajando, cornisa, hasta llegar a Cachi, conocida por sus casas de adobe, edificios coloniales e iglesia española. El museo arqueológico exhibe artefactos que se encontraron en excavaciones locales de 10.000 años de antigüedad.

Es curioso, hace calor, sin embargo las cimas de las montañas cubiertas de nieve pueden verse desde la ciudad.

¿Dónde almorzar? La famosa parrilla de Zapallo, insuperable, sobre una de las cuatro esquinas de la plaza principal.

Al entrevistarlo, pregunté una y otra vez por su nombre. "Zapallo, así nomás; el mejor asador de chivito del mundo", aseguró con orgullo mientras compartía en una de las mesas del comedor lo poco que quedaba con un paisano amigo. Mientras tanto, los perros revoloteaban entre las piernas de los comensales suplicando por alguna que otra migaja.

No tan lejos, una guitarreada y voces que estremecen.


La ruta de los telares

Sobre la tierra arcillosa de Seclantás, El Tero Guzmán nos recibe con ponchos, cubrecamas, ruanas, chales, alfombras, tapices, bolsos y cintitos.

Un algarrobo da sombra al corral de cabras y apenas un hilo de agua pasa por el río. Es octubre y las lluvias llegan en época estival.

Unos kilómetros más y llegamos a Molinos. La Casa del Virrey deleita con su molle gigante cubriendo el total del patio. Como hospedaje o break time para una cerveza o café, no dejar pasar semejante oportunidad. Asimismo, recorrer la iglesia San Pedro de Nolasco y el criadero de vicuñas.

Cae el atardecer. El cielo se llena de colores. Hay que apurarse antes de que nos encuentre la noche.


Angastaco parece detenido en el tiempo

Se puede sentir la soledad. Situado en plena serranía, en un valle, surcado por el río del mismo nombre, es tierra de vinos regionales y pateros, de folclore, zambas y chalchaleros.

Al día siguiente seguimos por la Quebrada de Las Flechas, alucinante formación natural. Rocas erosionadas de color gris y blancuzco sobresalen del terreno como queriendo dispararse.

En Cafayate un circuito turístico temático de aproximadamente 200 kilómetros nos deja ver el desarrollo de la actividad vitivinícola de la ruta de las bodegas.

Volviendo a la ciudad de Salta pasamos por el Anfiteatro y la Garganta del Diablo de la cautivante Quebrada de las Conchas, Valle de Lerma y Alemanía.

Sin duda, merecen capítulo aparte...


Por María Celina Lundin

Periodista

Fotos: María Celina Lundin







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