Florencia Cuneo, cuando el periodismo turístico se convierte en una herramienta para repensar la alimentación
- Foro Periodismo Turístico

- 8 ene
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Florencia Cuneo no llega al periodismo turístico por una vocación clásica ni por el recorrido habitual de quien persigue destinos, paisajes o tendencias. Su ingreso a este campo surge desde una preocupación más profunda y estructural: la alimentación de las poblaciones y la forma en que el sistema alimentario global ha ido deteriorando, de manera acelerada, la calidad de lo que llega a los platos en distintas regiones del mundo. En ese cruce entre alimentación, territorio y cultura, el periodismo turístico aparece para ella como una herramienta estratégica más que como un fin en sí mismo.
Su mirada parte de una certeza que atraviesa todo su discurso: comer no es un acto aislado ni puramente biológico, sino una práctica sociocultural íntimamente ligada a la naturaleza, a las decisiones políticas, a los sistemas productivos y a la identidad de los pueblos. Desde allí, Florencia concibe al periodismo turístico como un espacio posible para investigar, validar información de calidad y generar nuevas narrativas que habiliten reflexiones profundas sobre cómo viajamos, qué consumimos y qué modelos sostenemos.
Aunque no se define a sí misma como periodista de carrera, su vínculo con el turismo como fenómeno social y cultural se remonta a experiencias tempranas. Viajes como los realizados a Maragogi, en Pernambuco, Brasil, a comienzos de la década de 1990, o a Chiloé, en Chile, marcaron un contacto inicial con territorios donde la relación entre comunidad, entorno natural y prácticas alimentarias conserva una fuerza identitaria difícil de ignorar. Esos viajes, más que hitos profesionales, funcionan como semillas que con el tiempo encontraron un cauce conceptual.
Lejos de ubicar un viaje turístico como punto de quiebre, Florencia reconoce que una de las experiencias que más la marcaron fue preparar alimentos para niños desnutridos en zonas periurbanas de la ciudad de Córdoba. Allí el alimento dejó de ser teoría para convertirse en urgencia, en cuidado y en acto político. Esa vivencia reforzó su comprensión del alimento como derecho y como expresión concreta de desigualdades estructurales, pero también como posibilidad de transformación.
En la actualidad, Florencia entiende al periodismo turístico como una herramienta de divulgación con enorme potencial. No se trata solo de contar destinos, sino de validar información, contextualizar prácticas y aportar evidencia que permita tomar decisiones más conscientes. En su enfoque, el periodismo turístico puede y debe dialogar con las agendas de sustentabilidad, salud y soberanía alimentaria, sin perder rigurosidad ni profundidad.
A la hora de narrar historias, no se aferra a una filosofía cerrada. Por el contrario, expresa el deseo de construir relatos originales que revelen los destinos desde miradas nuevas, capaces de correr el velo de lo obvio. Su interés no está puesto en la repetición de fórmulas, sino en encontrar criterios que permitan leer los territorios desde ángulos menos explorados, especialmente aquellos vinculados a la alimentación y a las prácticas cotidianas de las comunidades.
Dentro del ecosistema de la Organización Mundial de Periodismo Turístico, Florencia identifica con claridad los temas que desea impulsar. Su foco está en reconocer y revitalizar las prácticas alimentarias identitarias, aquellas que dialogan con el entorno y resultan amigables con el planeta. Frente al avance de la alimentación industrial como mercancía global, propone recuperar el valor del comer como acto cultural complejo y profundamente humano.
Viajar, para ella, no es solo desplazarse, sino una forma de conectar realidades. Lo que la inspira a seguir explorando y narrando es la posibilidad de aportar nuevas formas de contribuir a la sociedad desde su experticia, enlazando saberes ya conocidos con aquellos que emergen en el recorrido. Cada territorio se convierte así en un laboratorio vivo donde observar, aprender y resignificar.
Florencia también es consciente de los desafíos que enfrentan hoy los comunicadores turísticos. Entre ellos, destaca la necesidad de impulsar ideas que permitan que el turismo contribuya activamente a las agendas de sustentabilidad. En su mirada, el turismo incide en todos los aspectos de la vida social, económica y ambiental, por lo que no puede permanecer ajeno a los grandes debates contemporáneos.
Su perfil se construye, entonces, en una zona híbrida y potente. No es una periodista turística tradicional ni pretende serlo. Es una profesional que utiliza el periodismo como puente entre la alimentación, la cultura, el territorio y la conciencia colectiva. En tiempos donde los relatos de viaje suelen reducirse a consumo rápido, su enfoque invita a detenerse, observar y repensar.
En cada texto potencial, en cada investigación futura, subyace una pregunta que guía su camino: cómo incidir en mejores decisiones alimentarias a partir del conocimiento de los territorios y sus prácticas. Esa pregunta, lejos de agotarse, se expande con cada viaje, cada experiencia y cada historia contada.
Así, Florencia Cuneo encarna una forma de periodismo turístico que no busca deslumbrar, sino comprender. Un periodismo que no se limita a mostrar, sino que propone, cuestiona y conecta. Un periodismo que entiende que viajar también puede ser una forma de cuidar.






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