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Silvina Montalvo, entre el paisajismo en la ajetreada Buenos Aires y la vendimia de idílicos valles


Porteña de nacimiento, sanjuanina por adopción, a sus 58 años Silvina Montalvo se anima a emprender un nuevo desafío.

Ingeniera Agrónoma recibida en la Universidad de Buenos Aires, su profesión y amor por la naturaleza la llevaron por el camino del paisajismo, diseño de jardines y espacios verdes, creando entornos de ensueño.

"En el año 1995, una charla familiar da nacimiento a Finca Basin y en 2015 finalmente arrancamos con viñedos: catorce hectáreas, a 1560 metros de altura, nada más ni nada menos que en el deslumbrante Valle de Calingasta", cuenta Silvina sentada en uno de los bancos de la mesa de la simpática galería que entona con el paraje. A un costado, el horno de barro y un rincón abrazado por piedras para el asador.

Sobre el relieve montañoso de Sorocayense, localidad de Barreal, a pasos del camino principal del pueblo, una tranquera se abre e invita a recorrer este fructífero y bonito viñedo.

El cielo hace gala de sí mismo: soleado, puro, inmaculado, diáfano.

¡Detrás de las plantaciones, la cordillera de un lado y precordillera del otro!


Uva de calidad

“Barreal está a 140 kilómetros aproximadamente de la ciudad de San Juan y se caracteriza por un confortable clima, aire puro y amabilidad de la gente”, cuenta Silvina con una sonrisa de oreja a oreja, dejando ver que su lugar en el mundo también está en este paraíso andino.

“Una vez al mes me instalo aquí. Gracias a un gran equipo de trabajo, se logra un producto único.

Regamos por surcos de agua del Río Los Patos, abonamos con guano. El manejo de viña es artesanal y prácticamente orgánico. La cosecha es manual, de muchísimo cuidado, y se realiza en cajones de 15 a 20 kg, por la mañana. Por su parte, los traslados a la bodega se hacen de noche”, resume.

A lo largo del año, la vid pasa por diferentes estados: brotación, foliación, floración, fecundación y fructificación, envero y maduración.

“Junto al asesor técnico Ingeniero Agrónomo Pancho Bugallo y al enólogo Federico Sánchez apuntamos a tener uvas de calidad. Este año llegaríamos a 7000 botellas de vino, Malbec y blend de tintas, entre otros. La venta es a vinotecas y particulares”, aclara.


Sustentabilidad

“El resto de la uva la vendemos a productores locales. Ellos mismos la elaboran y hacen sus vinos. Es así que nada se descarta, todo se utiliza logrando que de la cosecha se pueda sacar el mayor provecho posible”, explica.

PildorÍn

“Nuestra primera etiqueta fue la foto de un baquiano. Se llama Pildorin y tiene 103 años”, relata al tiempo que sostiene en su mano una foto junto al hombre. “Lo elegimos a él porque bautizamos al vino Sorocayo, honrando al primer poblador de Sorocayense”, concluye con orgullo. “El diseño de las etiquetas fue confeccionado por Nuria Año Gargiulo y Bruno Giancola”.

Hermosa geografía

“Un sorbo quieto en la boca, una inspiración suave y el Valle de Calingasta se hará presente a través de su gente, suelo, colores, altura e imbatible amplitud térmica”, recita.

Levanta su mirada. La luz del atardecer humedece la textura de las montañas.

"¡Qué más pedir!", suspira Silvina.









Por María Celina Lundin

Periodista

Fotos: @sorocayo_calingasta



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