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Senador Dupont, un oasis en el delta




Apenas cinco minutos de lancha separan Tigre de Senador Dupont. El arroyo Gallo fiambre es tranquilo y la lancha colectiva llega a apenas unos metros del muelle que está iluminado igual que los senderos entre propiedades. Hay lanchas remis que también llegan y se contratan para la vuelta cualquiera sea la hora de la madrugada. Hay posadas en una isla de 4 hectáreas y detrás de ellas el mítico convento franciscano que estuvo abandonado por años luego de una crecida imponente del río.



La zona estuvo activa cuando se cosechaba la fruta que se vendía luego en el puerto de Tigre, pero la inundación de la década del ’40, terminó con la fábrica de sidra que se ubica enfrente y hubo que reinventarse para seguir adelante. La obra del convento fue construida por el arquitecto italiano Virgilio Cestari, el mismo que diseñó el pabellón de los elefantes del Zoológico porteño y el imponente edificio del Tattersall del Hipódromo de Palermo. Para restaurar el convento, el dueño trajo restauradores de Europa, en especial para la capilla. Consiguió mosaicos originales, todo quedó tal cual era, desde el roble de Eslovenia, hasta las figuras de los santos.

Actualmente existe un convenio entre los dueños de Senador (Enrique, Demian y su esposa Silvina) y los propietarios del convento, para hospedaje (el segundo piso ya está habilitado para huéspedes) .



Dos piletas para disfrutar en verano, mucho para caminar, entre arroyos privados, cañaverales y frondosos árboles.


La caída del sol detrás de ellos, es una fotografía obligada, convirtiéndolo en un marco especial para terminar el día con un trago o un café en el quincho cubierto de la entrada. Quienes se alojan en las posadas o en el convento, pueden disfrutar de una cena con show de flamenco o música cubana y diferentes variedades de espectáculos según el cronograma del lugar. Los pájaros que habitan el lugar aparecen cuando baja el sol, y con su canto armonizan el espacio.


Una gastronomía muy cuidada, una atención esmerada de todos y cada uno de sus empleados, y la cordialidad de sus dueños, que están atentos a las necesidades de los huéspedes y de quienes pasan el día completo. También hay actividades divertidas como paseos en kayaks por canales exclusivos.



Los arroyos son navegables, angostos pero concurridos. Mucha gente vive en forma estable, ya que la distancia hasta el centro es mínima.


Senador Dupont debe su nombre al personaje del libro “La hierba roja” de Boris Vian. Dupont era el perro de Wolf, su protagonista. Fue el perro de la familia dueña hoy del predio hasta hace unos años y hoy descansa detrás de la casa principal.




Para reservar en Dupont

https://sites.google.com/view/hotelsenadordupont


Silvia M. Vázquez


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